La iniciativa de la Escuela de Enfermería, basada en la venta de ropa de segunda mano, brinda recursos a los estudiantes que lo necesitan, impulsa la economía circular y demuestra que la moda sostenible tiene un lugar protagónico en nuestra institución.
- “No tengo para comprarme un traje”.
- “Mis papás no me dieron para los transportes”.
- “Profe, ¿me puede prestar y yo se lo pago cuando pueda?”.
- “Queremos ir al evento, pero es fuera de la ciudad y no podemos pagarlo”.
Estas frases resuenan frecuentemente en cualquier espacio universitario. Para nadie es un secreto la realidad que enfrentan muchos estudiantes, quienes por causas externas que escapan de su control, no cuentan con los recursos económicos necesarios para participar plenamente en las actividades académicas fundamentales para su formación profesional. La Corpas no es ajena a esta situación.
Ante esta realidad y buscando una alternativa para apoyar a los estudiantes que enfrentan este tipo de dificultades, la Escuela de Enfermería creó ‘Segunda Vida’. Este proyecto de economía circular es liderado por las jefes de Enfermería: Esperanza Durán de Camperos (Coordinadora del Área de Enfermería Social y Comunitaria) y Luisa Alejandra Aguilar Bernal (docente e investigadora). A través de la venta de ropa de segunda mano —donada por estudiantes, docentes, administrativos y egresados de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas—, la iniciativa apoya económicamente a los alumnos de la Escuela que más lo necesitan.
Las creadoras de ‘Segunda Vida’ nos cuentan, en sus propias palabras, cómo una simple donación de ropa entre colegas se transformó en un proyecto institucional sólido, que hoy cuenta con caja propia, bodega, estudiantes voluntarias y una reciente donatón que superó todas las expectativas. Desde su espacio en la sede Jacaranda, conversamos sobre el impacto del proyecto, las historias de vida que han cambiado y los eventos que se avecinan.
¿Cómo nació la idea de Segunda Vida?
Jefe Esperanza Durán de Camperos: La idea nació de una necesidad sentida de los estudiantes. En la Escuela de Enfermería existe un código de buen vestir y empezamos a preguntarnos cómo podríamos ayudar a los chicos a cumplirlo. Se nos ocurrió hacer una donación de ropa entre los docentes, algo que llamamos inicialmente “Outlet Corpista”. Fue un éxito absoluto: todo se vendió, los estudiantes estuvieron muy contentos y eso nos dio las pautas para construir algo más grande.
Jefe Luisa Alejandra Aguilar Bernal: Desde el área de investigación también teníamos una necesidad urgente: conseguir recursos para pagar las inscripciones a CINVEST (Congreso Internacional de Investigación en Ciencias de la Salud, Educación y Artes). Así que empezamos a organizar ventas de ropa, libros y zapatos de segunda mano en el campus, con el apoyo de otros profesores y estudiantes que también vendían comida. Era una especie de bazar que, poco a poco, fue tomando forma.
¿En qué momento el proyecto se volvió una iniciativa institucional?
Jefe Esperanza: Cuando nos trasladamos a la sede Jacaranda, vimos viable organizarlo de otra manera. En octubre de 2024, durante la Semana de Puertas Abiertas, lo presentamos como un escenario para mostrar nuestros productos. La Comunidad Corpista conoció el proyecto y nos dimos cuenta de que tenía una excelente acogida y un gran futuro.
Jefe Luisa: En uno de esos eventos nos abordó el Ecosistema de Innovación Corpista, invitándonos a formalizarlo como un proyecto institucional. Vieron cómo los estudiantes, docentes, administrativos y el personal de servicios generales apoyaban la iniciativa. Entendemos que la moda es parte de la identidad de las personas y no siempre se tiene el presupuesto para acceder a ella. Aquí tienen la oportunidad de vestir excelentes prendas a precios muy accesibles.
Jefe Esperanza: También contamos con el apoyo fundamental de la Dra. María Antonina Román Ochoa, decana de la Escuela de Enfermería desde el principio, y con el respaldo del Vicerrector Administrativo, el Dr. Juan David Piñeros, quien nos ayudó a conseguir un espacio físico permanente. Hoy tenemos bodega, caja, inventario codificado, estantería y un área definida. El proyecto cobró vida real.
¿Cómo funciona el proceso cuando llega una prenda?
Jefe Esperanza: Cuando recibimos una prenda —o un libro, un par de gafas o una corbata—, primero la clasificamos por género y edad. Luego evaluamos su estado: si está muy deteriorada, la destinamos a donación para comunidades vulnerables, especialmente en el Centro Comunitario de Lisboa. Si está en buen estado, pero un poco sucia, pasa por lavandería. Si le falta un botón o tiene un daño menor, la reparamos antes de ponerla a la venta. Queremos que quien llegue a la tienda se sienta bien atendido y sepa que se está llevando un artículo en óptimas condiciones.
¿Qué artículos se aceptan y cuáles no?
Jefe Esperanza: Por razones de higiene, no recibimos ningún tipo de ropa interior (brasieres, medias, pantalonetas o camisetas de uso privado). Sin embargo, recibimos prácticamente todo lo demás: camisas, pantalones, zapatos, trajes formales, corbatas, uniformes institucionales de egresados, carteras, accesorios, gafas, disfraces, ropa infantil, morrales y maletas. No tenemos restricciones de género ni de tallas; aquí hay opciones para todos.
¿Cómo son los precios y los métodos de pago?
Jefe Esperanza: Manejamos precios solidarios que oscilan entre los $5.000 y $60.000 pesos, dependiendo de la prenda. Pero hay un aspecto fundamental: no es obligatorio tener el dinero en el momento. Si un estudiante llega con una emergencia —se le rompió el pantalón, por ejemplo—, le facilitamos la prenda, lo anotamos y nos paga cuando le sea posible. Es un modelo basado en la confianza que ha funcionado maravillosamente.
Jefe Luisa: También implementamos el sistema de trueque. Si un estudiante tiene ropa en excelente estado que ya no usa, puede intercambiarla por algo de la tienda que necesite. Es otra forma de rotar las prendas y fortalecer verdaderamente la economía circular dentro del campus. Además, en casos donde identificamos que un estudiante definitivamente no tiene los recursos para cumplir con el código de vestimenta, el equipo realiza donaciones directas, previa consulta con las coordinadoras.
¿Qué destino tiene el dinero recaudado?
Jefe Luisa: Los fondos están bajo la custodia formal de la Escuela. Diseñamos un formato oficial de solicitud de donación para que los estudiantes puedan pedir apoyo económico en situaciones concretas, tales como inscripciones a congresos académicos, participación en torneos deportivos o emergencias de salud. La decisión final se toma en conjunto con la Decana Antonina Román y la Jefe Esperanza.
Jefe Esperanza: Por ejemplo, hace poco apoyamos a una estudiante que quería representar a la institución en un torneo de karate en Bogotá. La inscripción tenía un costo que ella no podía asumir, así que nosotras lo cubrimos. Todo esto queda debidamente registrado.
Jefe Luisa: El impacto humano es lo más valioso. Hace unos meses nos enteramos de que la familia de una de nuestras estudiantes atravesaba una grave crisis económica derivada de una enfermedad de la joven. Decidimos apoyar a su padre con una donación monetaria proveniente de “Segunda Vida” para ayudar a costear el tratamiento. Esa es la verdadera dimensión de este proyecto.
¿Quiénes son sus principales compradores?
Jefe Luisa: Nuestros principales clientes son los colaboradores de servicios generales y mantenimiento, seguidos muy de cerca por los estudiantes. Nos ha impactado profundamente ver la emoción de las personas al descubrir que pueden adquirir prendas de alta costura a precios tan bajos. Hemos presenciado momentos conmovedores: hace poco, el hijo de una colaboradora de servicios generales se graduaba de bachillerato, y aquí logró encontrar el traje formal perfecto para su ceremonia.
¿De dónde surge la conexión con la economía circular?
Jefe Esperanza: Todo cobró sentido hace unos meses durante un viaje que hice a Estados Unidos. En la esquina de la casa de mi hermana había una tienda llamada “Lo Amado”. Era exactamente el mismo modelo que nosotras manejamos: artículos de segunda mano, lleno de clientes y funcionando a la perfección. Con Luisa empezamos a investigar el mercado de la economía circular en Bogotá, y al entender su filosofía —la protección del planeta, el cuidado del medio ambiente y el enorme impacto social— confirmamos que estábamos en el camino correcto.
Jefe Luisa: Y fuimos más allá. Nos dimos cuenta de que en muchos de esos locales también arreglan la ropa o confeccionan prendas nuevas con el material que no se vende. Eso nos inspiró a buscar alianzas estratégicas. Actualmente, estamos en conversaciones para vincular a Hilando Vidas, un proyecto de costura comunitaria, con el fin de traer a una mujer de la comunidad de Lisboa para que venga a apoyarnos con arreglos sencillos en la tienda: subir un dobladillo, pegar un botón o ajustar una blusa. De esta manera, integramos a la comunidad y multiplicamos nuestro impacto social.
¿Qué le depara el futuro a “Segunda Vida”?
Jefe Luisa: Queremos hacer nuestra apertura oficial por todo lo alto, organizando un gran desfile de modas. Será un desfile muy real, diverso y representativo, con todo tipo de cuerpos, tallas y edades, porque el mensaje central de la tienda es que aquí hay prendas para todos. Queremos que la comunidad nos conozca a fondo y sienta que este espacio les pertenece.
Jefe Esperanza: Y seguimos soñando en grande. Ya hemos recibido contactos de otras universidades interesadas en replicar nuestro modelo, e incluso una fundación en Norte de Santander nos ha solicitado apoyo con donaciones de ropa. Este proyecto tiene un futuro brillante porque toca el corazón y atiende las necesidades reales de nuestra gente.
¿Cómo puede unirse la Comunidad Corpista a esta iniciativa?
Jefe Luisa: Hay múltiples formas de aportar: donando ropa limpia y en excelente estado (para cualquier edad o género), visitando la tienda para comprar, recomendando el proyecto, siguiéndonos en nuestras redes sociales, o haciendo aportes económicos. También recibimos insumos útiles como estantes, ganchos o repisas que ya no utilicen. Y, por supuesto, quienes deseen donar su tiempo son bienvenidos como voluntarios para ayudarnos a clasificar, codificar y organizar nuestro inventario.
“Segunda Vida” es la prueba tangible de que las grandes transformaciones en La Corpas nacen de la empatía. Lo que empezó como un espacio solidario en nuestra Escuela de Enfermería, hoy es un motor de oportunidades que hace historia en el campus. Te invitamos a estar muy atento a nuestras redes sociales institucionales (@unicorpas) y a las del proyecto (@segunda_vida_corpas), donde muy pronto anunciaremos la fecha de su gran desfile de apertura. Te invitamos a ser parte de esta revolución de economía circular, apoya a tus compañeros y a nuestra institución, a través de la empatía y la innovación, porque La Corpas Te Cambia La Vida.
La iniciativa de la Escuela de Enfermería, basada en la venta de ropa de segunda mano, brinda recursos a los estudiantes que lo necesitan, impulsa la economía circular y demuestra que la moda sostenible tiene un lugar protagónico en nuestra institución.
- “No tengo para comprarme un traje”.
- “Mis papás no me dieron para los transportes”.
- “Profe, ¿me puede prestar y yo se lo pago cuando pueda?”.
- “Queremos ir al evento, pero es fuera de la ciudad y no podemos pagarlo”.
Estas frases resuenan frecuentemente en cualquier espacio universitario. Para nadie es un secreto la realidad que enfrentan muchos estudiantes, quienes por causas externas que escapan de su control, no cuentan con los recursos económicos necesarios para participar plenamente en las actividades académicas fundamentales para su formación profesional. La Corpas no es ajena a esta situación.
Ante esta realidad y buscando una alternativa para apoyar a los estudiantes que enfrentan este tipo de dificultades, la Escuela de Enfermería creó ‘Segunda Vida’. Este proyecto de economía circular es liderado por las jefes de Enfermería: Esperanza Durán de Camperos (Coordinadora del Área de Enfermería Social y Comunitaria) y Luisa Alejandra Aguilar Bernal (docente e investigadora). A través de la venta de ropa de segunda mano —donada por estudiantes, docentes, administrativos y egresados de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas—, la iniciativa apoya económicamente a los alumnos de la Escuela que más lo necesitan.
Las creadoras de ‘Segunda Vida’ nos cuentan, en sus propias palabras, cómo una simple donación de ropa entre colegas se transformó en un proyecto institucional sólido, que hoy cuenta con caja propia, bodega, estudiantes voluntarias y una reciente donatón que superó todas las expectativas. Desde su espacio en la sede Jacaranda, conversamos sobre el impacto del proyecto, las historias de vida que han cambiado y los eventos que se avecinan.
¿Cómo nació la idea de Segunda Vida?
Jefe Esperanza Durán de Camperos: La idea nació de una necesidad sentida de los estudiantes. En la Escuela de Enfermería existe un código de buen vestir y empezamos a preguntarnos cómo podríamos ayudar a los chicos a cumplirlo. Se nos ocurrió hacer una donación de ropa entre los docentes, algo que llamamos inicialmente “Outlet Corpista”. Fue un éxito absoluto: todo se vendió, los estudiantes estuvieron muy contentos y eso nos dio las pautas para construir algo más grande.
Jefe Luisa Alejandra Aguilar Bernal: Desde el área de investigación también teníamos una necesidad urgente: conseguir recursos para pagar las inscripciones a CINVEST (Congreso Internacional de Investigación en Ciencias de la Salud, Educación y Artes). Así que empezamos a organizar ventas de ropa, libros y zapatos de segunda mano en el campus, con el apoyo de otros profesores y estudiantes que también vendían comida. Era una especie de bazar que, poco a poco, fue tomando forma.
¿En qué momento el proyecto se volvió una iniciativa institucional?
Jefe Esperanza: Cuando nos trasladamos a la sede Jacaranda, vimos viable organizarlo de otra manera. En octubre de 2024, durante la Semana de Puertas Abiertas, lo presentamos como un escenario para mostrar nuestros productos. La Comunidad Corpista conoció el proyecto y nos dimos cuenta de que tenía una excelente acogida y un gran futuro.
Jefe Luisa: En uno de esos eventos nos abordó el Ecosistema de Innovación Corpista, invitándonos a formalizarlo como un proyecto institucional. Vieron cómo los estudiantes, docentes, administrativos y el personal de servicios generales apoyaban la iniciativa. Entendemos que la moda es parte de la identidad de las personas y no siempre se tiene el presupuesto para acceder a ella. Aquí tienen la oportunidad de vestir excelentes prendas a precios muy accesibles.
Jefe Esperanza: También contamos con el apoyo fundamental de la Dra. María Antonina Román Ochoa, decana de la Escuela de Enfermería desde el principio, y con el respaldo del Vicerrector Administrativo, el Dr. Juan David Piñeros, quien nos ayudó a conseguir un espacio físico permanente. Hoy tenemos bodega, caja, inventario codificado, estantería y un área definida. El proyecto cobró vida real.
¿Cómo funciona el proceso cuando llega una prenda?
Jefe Esperanza: Cuando recibimos una prenda —o un libro, un par de gafas o una corbata—, primero la clasificamos por género y edad. Luego evaluamos su estado: si está muy deteriorada, la destinamos a donación para comunidades vulnerables, especialmente en el Centro Comunitario de Lisboa. Si está en buen estado, pero un poco sucia, pasa por lavandería. Si le falta un botón o tiene un daño menor, la reparamos antes de ponerla a la venta. Queremos que quien llegue a la tienda se sienta bien atendido y sepa que se está llevando un artículo en óptimas condiciones.
¿Qué artículos se aceptan y cuáles no?
Jefe Esperanza: Por razones de higiene, no recibimos ningún tipo de ropa interior (brasieres, medias, pantalonetas o camisetas de uso privado). Sin embargo, recibimos prácticamente todo lo demás: camisas, pantalones, zapatos, trajes formales, corbatas, uniformes institucionales de egresados, carteras, accesorios, gafas, disfraces, ropa infantil, morrales y maletas. No tenemos restricciones de género ni de tallas; aquí hay opciones para todos.
¿Cómo son los precios y los métodos de pago?
Jefe Esperanza: Manejamos precios solidarios que oscilan entre los $5.000 y $60.000 pesos, dependiendo de la prenda. Pero hay un aspecto fundamental: no es obligatorio tener el dinero en el momento. Si un estudiante llega con una emergencia —se le rompió el pantalón, por ejemplo—, le facilitamos la prenda, lo anotamos y nos paga cuando le sea posible. Es un modelo basado en la confianza que ha funcionado maravillosamente.
Jefe Luisa: También implementamos el sistema de trueque. Si un estudiante tiene ropa en excelente estado que ya no usa, puede intercambiarla por algo de la tienda que necesite. Es otra forma de rotar las prendas y fortalecer verdaderamente la economía circular dentro del campus. Además, en casos donde identificamos que un estudiante definitivamente no tiene los recursos para cumplir con el código de vestimenta, el equipo realiza donaciones directas, previa consulta con las coordinadoras.
¿Qué destino tiene el dinero recaudado?
Jefe Luisa: Los fondos están bajo la custodia formal de la Escuela. Diseñamos un formato oficial de solicitud de donación para que los estudiantes puedan pedir apoyo económico en situaciones concretas, tales como inscripciones a congresos académicos, participación en torneos deportivos o emergencias de salud. La decisión final se toma en conjunto con la Decana Antonina Román y la Jefe Esperanza.
Jefe Esperanza: Por ejemplo, hace poco apoyamos a una estudiante que quería representar a la institución en un torneo de karate en Bogotá. La inscripción tenía un costo que ella no podía asumir, así que nosotras lo cubrimos. Todo esto queda debidamente registrado.
Jefe Luisa: El impacto humano es lo más valioso. Hace unos meses nos enteramos de que la familia de una de nuestras estudiantes atravesaba una grave crisis económica derivada de una enfermedad de la joven. Decidimos apoyar a su padre con una donación monetaria proveniente de “Segunda Vida” para ayudar a costear el tratamiento. Esa es la verdadera dimensión de este proyecto.
¿Quiénes son sus principales compradores?
Jefe Luisa: Nuestros principales clientes son los colaboradores de servicios generales y mantenimiento, seguidos muy de cerca por los estudiantes. Nos ha impactado profundamente ver la emoción de las personas al descubrir que pueden adquirir prendas de alta costura a precios tan bajos.
Hemos presenciado momentos conmovedores: hace poco, el hijo de una colaboradora de servicios generales se graduaba de bachillerato, y aquí logró encontrar el traje formal perfecto para su ceremonia.
¿De dónde surge la conexión con la economía circular?
Jefe Esperanza: Todo cobró sentido hace unos meses durante un viaje que hice a Estados Unidos. En la esquina de la casa de mi hermana había una tienda llamada “Lo Amado”. Era exactamente el mismo modelo que nosotras manejamos: artículos de segunda mano, lleno de clientes y funcionando a la perfección. Con Luisa empezamos a investigar el mercado de la economía circular en Bogotá, y al entender su filosofía —la protección del planeta, el cuidado del medio ambiente y el enorme impacto social— confirmamos que estábamos en el camino correcto.
Jefe Luisa: Y fuimos más allá. Nos dimos cuenta de que en muchos de esos locales también arreglan la ropa o confeccionan prendas nuevas con el material que no se vende. Eso nos inspiró a buscar alianzas estratégicas. Actualmente, estamos en conversaciones para vincular a Hilando Vidas, un proyecto de costura comunitaria, con el fin de traer a una mujer de la comunidad de Lisboa para que venga a apoyarnos con arreglos sencillos en la tienda: subir un dobladillo, pegar un botón o ajustar una blusa. De esta manera, integramos a la comunidad y multiplicamos nuestro impacto social.
¿Qué le depara el futuro a “Segunda Vida”?
Jefe Luisa: Queremos hacer nuestra apertura oficial por todo lo alto, organizando un gran desfile de modas. Será un desfile muy real, diverso y representativo, con todo tipo de cuerpos, tallas y edades, porque el mensaje central de la tienda es que aquí hay prendas para todos. Queremos que la comunidad nos conozca a fondo y sienta que este espacio les pertenece.
Jefe Esperanza: Y seguimos soñando en grande. Ya hemos recibido contactos de otras universidades interesadas en replicar nuestro modelo, e incluso una fundación en Norte de Santander nos ha solicitado apoyo con donaciones de ropa. Este proyecto tiene un futuro brillante porque toca el corazón y atiende las necesidades reales de nuestra gente.
¿Cómo puede unirse la Comunidad Corpista a esta iniciativa?
Jefe Luisa: Hay múltiples formas de aportar: donando ropa limpia y en excelente estado (para cualquier edad o género), visitando la tienda para comprar, recomendando el proyecto, siguiéndonos en nuestras redes sociales, o haciendo aportes económicos. También recibimos insumos útiles como estantes, ganchos o repisas que ya no utilicen. Y, por supuesto, quienes deseen donar su tiempo son bienvenidos como voluntarios para ayudarnos a clasificar, codificar y organizar nuestro inventario.
“Segunda Vida” es la prueba tangible de que las grandes transformaciones en La Corpas nacen de la empatía. Lo que empezó como un espacio solidario en nuestra Escuela de Enfermería, hoy es un motor de oportunidades que hace historia en el campus. Te invitamos a estar muy atento a nuestras redes sociales institucionales (@unicorpas) y a las del proyecto (@segunda_vida_corpas), donde muy pronto anunciaremos la fecha de su gran desfile de apertura. Te invitamos a ser parte de esta revolución de economía circular, apoya a tus compañeros y a nuestra institución, a través de la empatía y la innovación, porque La Corpas Te Cambia La Vida.


