Salud Mental Tras el Sismo en Colombia: Una Perspectiva desde la Epidemiología y la Psicología

Colombia, por su compleja ubicación tectónica, es un territorio sísmicamente activo. El impacto de un terremoto trasciende los daños estructurales; genera una onda expansiva directa en la salud pública. 

Autor: Máncel Martínez PhD Psicólogo, Epidemiólogo, Salubrista de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas.

Desde la epidemiología de la salud mental sabemos que, tras un desastre natural, la incidencia de los síntomas de estrés agudo y estrés postraumático aumentan, así como otros problemas de salud mental. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hasta el 20% de las poblaciones afectadas por emergencias o desastres pueden desarrollar condiciones de salud mental que requieren algún nivel de intervención. El trauma no es solo una experiencia individual, es un fenómeno poblacional. Para mitigar esta curva de impacto psicológico y fomentar la resiliencia comunitaria, podemos adoptar medidas basadas en la evidencia científica. Las primeras 72 horas son claves también para el apoyo social y psicológico. A continuación, presento nueve estrategias de salud pública y psicología clínica para proteger nuestro bienestar.

1. Valide la respuesta emocional y neurobiológica al estrés

Experimentar pánico, taquicardia o hipervigilancia tras un sismo es en parte la forma en que el cerebro responde a una amenaza, liberando cascadas de cortisol y adrenalina. Reconocer que el miedo es una respuesta fisiológica normal y adaptativa, y no un signo de debilidad, es el primer paso para reducir la carga de desgaste físico y mental a largo plazo. No juzguemos a los demás ni a nosotros mismos, tengamos escucha activa y seamos receptivos ante las emociones.

2. Controle la “infodemia” y las noticias falsas para frenar el contagio emocional

El pánico se propaga de manera similar a un patógeno a través de la desinformación, las mentiras y las imágenes morbosas hechas con inteligencia artificial. La sobreexposición a imágenes de destrucción y rumores sin verificar aumenta la ansiedad colectiva. Para “aplanar la curva” del miedo, limite su consumo de noticias y recurra a fuentes oficiales como el Servicio Geológico Colombiano. Es bueno estar informados, pero no es bueno estar sobre expuestos.

3. Restablezca las rutinas como medida clínica de autocuidado

El autocuidado es la primera línea de defensa inmunológica y psicológica. Las alteraciones severas en los ciclos de sueño y en la nutrición agravan los síntomas de estrés y ansiedad. Mantener rutinas de hidratación, alimentación y actividad física regula la producción de neurotransmisores, devolviéndole al sistema nervioso central la percepción de estabilidad y control del entorno y nos da fuerza física y emocional.

4. Prevengamos la “fatiga por compasión” en los cuidadores En vigilancia epidemiológica, prestamos especial atención a los primeros respondientes, personal de la salud y líderes familiares y comunitarios. El síndrome de desgaste profesional (burnout) y el estrés traumático secundario presentan altas tasas de prevalencia tras una emergencia. Cuidar al cuidador exige establecer redes de relevo, pausas activas innegociables y espacios de descarga emocional. Un cuidador exhausto se convierte rápidamente en una segunda víctima del evento.

5. Fortalezcamos el tejido social como factor protector

La evidencia en epidemiología social demuestra que la cohesión comunitaria es el factor protector más fuerte contra el desarrollo de psicopatologías post-desastre. El aislamiento aumenta el riesgo relativo de sintomatología depresiva y estrés. Comuníquese con su familia y vecinos; informe como está y si necesita algo, pregunte y apoye a los demás. Tenga agradecimiento y dispóngase a ayudar. Este soporte social facilita la regulación emocional.

6. Aplique técnicas de regulación del sistema parasimpático

Ante picos agudos de ansiedad, es vital “hackear” la respuesta fisiológica. Ejercicios de anclaje (grounding) y la respiración diafragmática profunda estimulan el nervio vago, activando el sistema nervioso parasimpático (el freno natural del cuerpo). Comience por respirar lentamente, inhale lento y exhale aún más lento. Esta práctica reduce la frecuencia cardíaca y permite recuperar las funciones ejecutivas de la corteza prefrontal, necesarias para tomar decisiones lógicas.

7. Transforme el miedo a través de Conocimientos, Actitudes y Prácticas (CAP) o a través de la planeación

El miedo pasivo paraliza; el miedo gestionado previene. La planeación en las familias e instituciones y las metodologías CAP en salud pública nos enseñan que tener un plan de acción estructurado reduce la vulnerabilidad subjetiva. Acordar puntos de encuentro, conocer las rutas de evacuación y armar un kit de emergencia transforma la ansiedad anticipatoria en conductas proactivas de mitigación del riesgo.

8. Protejamos a las poblaciones más vulnerables

Epidemiológicamente, los niños, las mujeres gestantes, quienes padecen enfermedades crónicas (como cáncer y enfermedades renales) y los adultos mayores tienen una mayor vulnerabilidad ante los desastres. En la población pediátrica, el estrés suele manifestarse mediante somatizaciones (cefaleas, dolor abdominal, miedo a estar solos) o alteraciones conductuales. Modele la calma, filtre la información a la que están expuestos y explíqueles la situación con un lenguaje claro para proteger su arquitectura cerebral en desarrollo.

9. Intervenga de forma temprana frente a Trastornos de Salud Mental

Las personas somos muy resilientes, especialmente en nuestro país. Nos adaptamos. Pero hay situaciones que a veces nos desbordan. Si los síntomas de hiperalerta, los pensamientos intrusivos negativos o el insomnio severo se prolongan por más de dos semanas o generan un deterioro funcional en la vida diaria (como no poder trabajar o estudiar o generan conflictos innecesarios en su círculo cercano), podríamos estar observando la incidencia de problemas de salud mental como, depresión, estrés agudo o Trastorno de Estrés Postraumático. Buscar apoyo psicológico y psiquiátrico de forma temprana mejora drásticamente el pronóstico clínico y reduce la cronicidad del trastorno.

Finalmente afrontar las secuelas de un terremoto es un desafío integral de salud pública que requiere de la acción personal e institucional y de la agencia ciudadana. Entender que nuestras reacciones emocionales tienen una base neurobiológica y epidemiológica nos ayuda a desestigmatizar la salud mental. La historia nos ha demostrado que la población colombiana posee índices notables de resiliencia; si combinamos nuestra inherente solidaridad con estrategias de prevención basadas en la ciencia y los datos, lograremos reconstruir nuestro entorno físico más rápido, y también proteger y robustecer nuestro bienestar psicológico colectivo.

Líneas de atención en emergencias:
  • Línea 123: Emergencias generales y de salud mental disponibles las 24 horas.
  • Línea 106 (Bogotá): Apoyo psicosocial y escucha activa 24/7.
  • WhatsApp Línea 106: 300 754 8933.
  • Línea Calma (Bogotá): 01 8000 423 614 (atención gratuita para hombres).
  • Línea Púrpura: 01 8000 112 137 o WhatsApp 300 755 1846 (apoyo emocional para mujeres).
  • Línea Diversa: 310 864 4214 (apoyo a población LGBTI en Bogotá).
  • Medellín: Línea Amiga Saludable al (604) 444 44 48 o WhatsApp 300 723 1123.
  • Cali: Línea 106 de atención en salud mental.
  • Barranquilla / Cartagena: Línea de la Vida al (605) 339 99 99.
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