#Corpas55Años Entrevista al Dr. Fernando Noguera: Memoria Viva y Corazón de la Excelencia Corpista

Dr. Fernando Noguera

En celebración de los 55 años de nuestra institución, El Dr. Fernando Noguera revive los desafíos y anécdotas que marcaron el nacimiento de la Corpas.

El Doctor Fernando Noguera es, posiblemente, uno de los rostros más emblemáticos y familiares que transitan los pasillos de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas. Su presencia es una constante en la vida institucional: los aspirantes lo conocen por primera vez durante las entrevistas de selección; los docentes y administrativos lo saludan en su oficina de la Secretaría General o en los diversos espacios institucionales en donde alcanzan a encontrarlo; y los padres de familia disfrutan de su agudo sentido del humor en su rol como maestro de ceremonias durante las graduaciones.

Siempre impecable en su bata blanca, el Dr. Noguera recibe cada saludo con una sonrisa genuina y un apretón de manos cordial, siempre dispuesto a compartir una charla amistosa. Su vínculo con la institución es fundacional: formó parte de aquella primera promoción de valientes que aceptaron el reto del Dr. Jorge Piñeros Corpas para convertirse en los médicos generales que el país necesitaba. Desde entonces, su historia personal y la de la Corpas se han entrelazado de forma indisoluble. Testigo excepcional de cada logro, avance y desafío, el Dr. Noguera es uno de los guardianes de las anécdotas y enseñanzas que forjaron nuestra identidad. Al preguntarle sobre el pasado, toma un respiro, sonríe y comienza a relatar con maestría la disciplina, la exigencia y la mística de aquellos años donde creer en el proyecto era la única garantía de éxito.

No haber pasado el examen de entrada a la Universidad Nacional fue lo mejor que me pudo haber pasado

¿Cómo recuerda el inicio de su vida en esta institución en 1971? 

Estaba pensando precisamente en cómo fue ese inicio en 1971. El primer día de clases nos encontramos varios desconocidos en la esquina de la calle 36 con Avenida Caracas. Allí había una casa de estilo inglés que había sido arrendada por el Dr. Piñeros como la sede inicial de la institución. No nos conocíamos nadie con nadie y la forma de actuar era muy diferente a la de ahora.

¿Cómo era la disciplina y la exigencia académica en esos primeros años? 

La disciplina era muy importante y estricta. Nuestro profesor, el Dr. Luis David Montaña, venía de la Universidad Nacional y traía todas sus costumbres de allá. Nos decía que las clases no empezaban a las ocho de la mañana, sino a las siete y cincuenta y nueve con cincuenta y nueve segundos. Todo era bajo una exigencia muy rigurosa, pero a todos nos encantaba ir allá.

¿Cómo era el trayecto para llegar a esa primera sede? 

Era un viaje larguito para los que vivíamos más lejos, pero lo hacíamos con mucha ilusión porque sabíamos que íbamos a empezar nuestro camino.

¿Qué lo llevó a elegir a La Corpas cuando apenas estaba naciendo? 

Yo había presentado el examen en la Nacional, me rajé y no pasé. Creo que fue lo mejor que me ha pasado, porque días después salió un aviso chiquito en el periódico anunciando la fundación de una nueva facultad de medicina. El día de la reunión el sitio estaba repleto; cuando dijeron que podían inscribirse, casi sacan a la secretaria por la ventana.

¿Qué innovaciones introdujo el Dr. Piñeros desde el comienzo? 

Cosas que nunca se habían visto en este país. Desde el inicio nos inculcó las terapéuticas alternativas y la farmacología vegetal. Coincidencialmente, a una cuadra quedaba el despacho del Indio Amazónico, y los de las otras universidades se burlaban diciendo que la Corpas era una dependencia de él. El Dr. Piñeros solo se reía, le encantaba.

¿Cómo fue el crecimiento de las sedes antes de llegar a Suba? 

La primera sede fue en la 36 con Caracas. Al año siguiente se fundó la segunda sede en la Clínica Tequendama, en la calle 32 o 33. Después tocó arrendar una tercera casa cerca de un almacén de Crem Helado. Esa era la sede de cirugía.

¿Cuándo comenzó la historia de la Corpas aquí en Suba? 

Al cuarto año comenzó la sede de Suba y la construcción de la clínica. Para llegar aquí, el bus de la empresa vecinal de Suba nos dejaba en la plaza frente a la iglesia y nos tocaba caminar 20 minutos hasta la universidad. Estuviese lloviendo o no, íbamos de corbata.

Después de 55 años, ¿cuál es su mensaje para la Comunidad Corpista? 

Cincuenta y cinco años es muy poquito tiempo. El tiempo que tengamos de vida debemos utilizarlo para lo que sigue después. Cuando salgamos de este mundo no nos vamos a llevar nada material. Lo único que nos llevaremos es lo que podamos cargar en el corazón. Todos tenemos una “maleta especial” donde caben recuerdos, esperanzas, ilusiones y hasta tristezas. En mi caso, he llenado mis maletas en La Corpas; ha sido el sitio que me lo ha permitido.

La historia del Dr. Fernando Noguera es el testimonio vivo de una institución que nació de la obsesión visionaria y la disciplina innegociable. Su relato nos transporta de la casa inglesa de la calle 36 a los campos de Suba, recordándonos que la Corpas se cimentó sobre la esperanza de un primer grupo de creyentes en el sueño Corpista. Hoy, al verlo caminar por los pasillos o presidir un grado, no solo vemos a un directivo, sino a uno de los guardianes de un legado que nos enseña que lo único que realmente trasciende es aquello que, con amor y servicio, logramos construir para el beneficio de los demás. 

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