Las mujeres campesinas sostienen la vida rural: ofrecen cuidado familiar y comunitario, participan en actividades económicas diversas, como la agricultura de subsistencia, la cría de animales, el pequeño comercio y otros trabajos distintos de la explotación agrícola, además de la labor artesana y la transmisión de la cultura.
En las zonas rurales de Cundinamarca, en la Región Andina, muchas madres con hijos menores de 18 años enfrentan barreras para acceder a formación, salud y empleo formal. Se sabe que en estos territorios la población vive en pobreza. Según datos del DANE en 2023, el 61,25 % es rural y el 44,8 % son mujeres que aportan a la producción, el cuidado y la cultura. Mientras tanto, los jóvenes del campo migran en busca de mejores oportunidades de empleo (42,3 %), por riesgo social (21,5 %) y por acceso a educación (18,3 %), con lo cual las redes comunitarias se debilitan (DANE, 2018).
A partir de esta realidad, nuestra visión es reconocer, fortalecer y dignificar el papel de la mujer campesina mediante rutas de formación-aprendizaje co-creadas, conectadas con la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación (I+D+i); diseñadas para ser replicables en otros territorios de Colombia. Al inicio, se proyecta una población beneficiada de 900 madres y sus hijos.
La mujer campesina sostiene la vida rural: produce, cuida y transmite saberes. En las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) de Cabrera, Pasca, San Bernardo y Venecia, en Cundinamarca, muchas madres con hijos menores de 18 años enfrentan barreras para acceder a formación, salud y empleo formal. Se sabe que en estos territorios la población vive en pobreza. Según datos del DANE en 2023, el 61,25 % es rural y el 44,8 % son mujeres que aportan a la producción, el cuidado y la cultura. Mientras tanto, los jóvenes migran por empleo (42,3 %), riesgo social (21,5 %) y educación (18,3 %), debilitando el tejido comunitario (DANE, 2018).
Con esta realidad, nuestra visión es reconocer, fortalecer y dignificar el papel de la mujer campesina mediante rutas de formación-aprendizaje co-creadas, conectadas con la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación (I+D+i), diseñadas para ser replicables en otros territorios del país. En principio, se proyecta una población beneficiada de 900 madres y sus hijos.
La mujer campesina sostiene la vida rural: produce, cuida y transmite saberes. En las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) de Cabrera, Pasca, San Bernardo y Venecia, en Cundinamarca, muchas madres con hijos menores de 18 años enfrentan barreras para acceder a formación, salud y empleo formal. Se sabe que en estos territorios la población vive en pobreza. Según datos del DANE en 2023, el 61,25 % es rural y el 44,8 % son mujeres que aportan a la producción, el cuidado y la cultura. Mientras tanto, los jóvenes migran por empleo (42,3 %), riesgo social (21,5 %) y educación (18,3 %), debilitando el tejido comunitario (DANE, 2018).
Con esta realidad, nuestra visión es reconocer, fortalecer y dignificar el papel de la mujer campesina mediante rutas de formación-aprendizaje co-creadas, conectadas con la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación (I+D+i), diseñadas para ser replicables en otros territorios del país. En principio, se proyecta una población beneficiada de 900 madres y sus hijos.
Educación con mirada de mujer de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas
Con 54 años de trayectoria en salud y transformación social, diseña y ejecuta rutas educativas para madres urbanas y rurales que integran cuidado, liderazgo comunitario y emprendimiento. Acompaña procesos formativos con enfoque de equidad, pertinencia territorial y articulación con I+D+i, elevando la calidad de vida y el bienestar familiar. Aporta equipos docentes, metodologías de co-creación y evaluación para asegurar replicabilidad en otros territorios.
Con reconocimiento sostenido en los últimos cinco años como la entidad más querida por los colombianos, y cobertura nacional con alta capacidad técnica, lleva formación especializada a los territorios. A través de CampeSENA y la Escuela de Mujeres EMI del Centro Agroecológico y Empresarial de Fusagasugá, ofrece itinerarios certificados, acompañamiento productivo y cierre de brechas digitales. Impulsa inclusión económica y liderazgo femenino rural, articulando instructores, infraestructura y transferencia tecnológica para escalar el modelo.
Equidad y permanencia:
Equidad y permanencia:
La educación pertinente para madres campesinas abre oportunidades y reduce la migración por falta de empleo, riesgo y acceso educativo.
Tejido social y sostenibilidad:
Tejido social y sostenibilidad:
Formar mujeres líderes fortalece la transmisión de saberes ancestrales, la producción agrícola y la cohesión comunitaria.
Escalabilidad:
Escalabilidad:
Rutas co-creadas, basadas en I+D+i y en alianzas sólidas, permiten replicar el modelo en nuevos territorios.
Colaboración:
Colaboración:
Los proyectos para madres y padres que estudian, y para mujeres campesinas con sus hijos, exploran oportunidades de trabajo conjunto e invitan a ser parte de este cambio significativo.
Transformación:
Transformación:
Juntos podemos transformar realidades, generar crecimiento sostenible y fortalecer el tejido social.